Can Pep, varias generaciones y el mismo local

El restaurante CAN PEP del Port d’Andratx ha visto pasar el tiempo en este pequeño pero emblemático puerto anclado donde empieza la Tramuntana. Varias generaciones han sido testigo de cómo un pequeño refugio de pescadores se ha convertido en un puerto de referencia en Mallorca. El hombre siempre hace una mirada atrás para construir un futuro y mejorar, y en CAN PEP saben que evolucionar es necesario para adaptarse a los paladares de los visitantes que se acercan a probar las mejores recetas del Port d’Andratx.

A pesar de los cambios hay algo que se mantiene en este emblemático restaurante, y es la esencia de su cocina y de sus impulsores. La idea de la creación de CAN PEP partió de la señora Doña Margarita, que ya en 1962 deleitaba con sus croquetas a los pescadores. Poco a poco, en la planta baja de su casa se fue gestando una cocina abierta a nuevas recetas gastronómicas con la mejor materia prima, 100% local, donde la especialidad de los arroces, pescados y mariscos empezó a gestarse. En 1968 y, a pesar de que en los primeros momentos no fue bien acogido, se fundó el Club de Vela Puerto de Andratx que propició que a su vera se abrieran otras pequeñas empresas, se crearan nuevos puestos de trabajo y el puerto ganara fama internacional. Empezó entonces a atraer a navegantes, viajeros, turistas extranjeros, mallorquines y todo aquel que quería formar parte de este nuevo refugio donde las embarcaciones recreativas podían disfrutar de paisajes y manjares autóctonos.

En pleno boom turístico para Mallorca, que se dio en tan solo 13 años, del 1960 al 1973, la isla pasó de tener 400.000 turistas a tener más de 3,5 millones. Aumentando también el número de plazas hoteleras. Esto llevó a que se realizasen las obras necesarias para convertir el Port d’Andratx en el que conocemos hoy en día, con una imagen más moderna y acondicionada para la llegada de las embarcaciones y de todo los servicios que esto lleva asociado.

El cambio más importante se realizó en el paseo marítimo y el muelle, donde hoy se sitúa el edificio de la Lonja. Y, desde aquí, CAN PEP ha sido testigo del avance de la historia con su espectacular terraza que mira al mar y transcurre por el paseo marítimo que conduce al faro tras cruzar el torrente des Saluet, donde, aún hoy, las pequeñas embarcaciones de pescadores están amarradas.

Desde CAN PEP confiamos en que podamos mantener un modelo de puerto sostenible, respetuoso con el medio ambiente y donde todos podamos poner un granito de arena en la historia del lugar. De este modo, las generaciones venideras, podrán seguir deleitándose con la belleza y la calma que se respira en este rincón de la isla.

 

Por: Irene Viseras

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